Cuando comemos, la
mayoría de las ocasiones sólo nos preocupamos por el
sabor o el precio y nuestra última inquietud es saber
si nuestra manera de hacerlo es la adecuada en
cantidad y calidad. No olvidemos que el resultado de
una alimentación excesiva o deficiente produce
obesidad o desnutrición.
Todos sabemos que las vitaminas
son compuestos químicos orgánicos que existen en
pequeñas cantidades en los alimentos que consumimos a
diario, las cuales son necesarias para los procesos
que se efectúan dentro del cuerpo y nos ayudan a
mantener una buena salud.
Pero, ¿qué más importa?. Durante
la refinación de los alimentos, las vitaminas llegan a
perder por completo su valor vitamínico. No hay que
olvidar que se reducen sus propiedades con el calor
excesivo y el procesamiento (industrialización) que se
les da a los alimentos para su conservación.
La vitamina C o ácido ascórbico
pertenece al grupo de las vitaminas hidrosolubles.
Estas son las que, como indica el nombre, se disuelven
en agua (por esta razón el vital líquido se las lleva
cuando lavamos o cocemos los alimentos). Muchos de los
productos ricos en vitamina C no nos aportan la
cantidad que originalmente contienen después de
cocinarlos. Para recuperar parte de estas vitaminas
(ya que algunas son destruídas definitivamente por el
calor) puede aprovechar el agua de cocción de las
verduras como base para caldos y sopas.
A diferencia de las vitaminas
liposolubles, éstas no se almacenan en el organismo,
por lo que debemos procurar ingerirlas diariamente ya
que sólo podemos prescindir de ellas únicamente por
algunos días. El exceso de vitaminas hidrosolubles se
excreta por la orina, por lo que tienen efecto tóxico
por elevado que sea su consumo.
La vitamina C actúa en el
organismo como transportadora de oxígeno e hidrógeno,
interviene en la asimilación de ciertos aminoácidos,
del ácido fólico y del hierro. También participa en
forma decisiva en los procesos de desintoxicación que
se producen en el hígado y contrarresta los efectos de
los nitratos (pesticidas) en el estómago. Es necesaria
para producir colágeno, importante en el crecimiento y
reparación de las células de los tejidos, encías,
vasos huesos y dientes, así como para metabolización
de las grasas, acción por la que se le ha atribuido el
poder de reducir el colesterol. Investigaciones han
demostrado que una alimentación rica en vitamina C nos
ofrece protección añadida contra todo tipo de
cánceres, mejora la cicatrización de las heridas,
reduce el efecto de muchas sustancias productoras de
alergias, previene el resfriado común y en general,
fortalece las defensas de nuestro organismo.
Esta vitamina es muy sensible a
la luz, a la temperatura y al oxígeno del aire; por lo
tanto, si tiene la costumbre de beber un jugo de
naranja natural en el desayuno, tenga en cuenta que
pierde su contenido de vitamina C a los 15 ó 20
minutos de haberlo preparado.
Con un plan nutricional
equilibrado y abundante en productos frescos y
naturales, dispondrá no sólo de la vitamina C, sino de
todas las vitaminas que se requieren y no necesitarás
algún aporte adicional en forma de suplementos
farmaceúticos o herbolarios. Recuerda siempre que un
aumento de las necesidades biológicas requiere un
incremento de estas sustancias, como sucede en
determinadas etapas de la infancia, el embarazo, la
lactancia y durante la tercera edad. El consumo de
tabaco, alcohol o drogas en general provoca un mayor
gasto de algunas vitaminas, por eso, quien consume
alguna de estas sustancias puede necesitar un aporte
suplementario.
La mayor parte de las vitaminas
sintéticas no pueden sustituir a las orgánicas, es
decir, a las contenidas en los alimentos o extraídas
de productos naturales (como levaduras, germen de
trigo, etc.), pues aunque las vitaminas de síntesis
tengan los mismos elementos estructurales que las
orgánicas, en muchos casos no tienen la misma
configuración espacial, por lo que sus propiedades no
son las mismas.
Por último, tome nota:
es muy probable que si en su alimentación está
faltando la vitamina C, se sentirá cansado, irritable
o con dolores en las articulaciones. Además, las
necesidades de ácido ascórbico aumentan en personas
sometidas a situaciones de estrés.