25 Febrero 2005

 

 

 

¡Viva la vitamina C!

 

 

Cuando comemos, la mayoría de las ocasiones sólo nos preocupamos por el sabor o el precio y nuestra última inquietud es saber si nuestra manera de hacerlo es la adecuada en cantidad y calidad. No olvidemos que el resultado de una alimentación excesiva o deficiente produce obesidad o desnutrición.

 

 

Todos sabemos que las vitaminas son compuestos químicos orgánicos que existen en pequeñas cantidades en los alimentos que consumimos a diario, las cuales son necesarias para los procesos que se efectúan dentro del cuerpo y nos ayudan a mantener una buena salud.

 

Pero, ¿qué más importa?. Durante la refinación de los alimentos, las vitaminas llegan a perder por completo su valor vitamínico. No hay que olvidar que se reducen sus propiedades con el calor excesivo y el procesamiento (industrialización) que se les da a los alimentos para su conservación.

 

La vitamina C o ácido ascórbico pertenece al grupo de las vitaminas hidrosolubles. Estas son las que, como indica el nombre, se disuelven en agua (por esta razón el vital líquido se las lleva cuando lavamos o cocemos los alimentos). Muchos de los productos ricos en vitamina C no nos aportan la cantidad que originalmente contienen después de cocinarlos. Para recuperar parte de estas vitaminas (ya que algunas son destruídas definitivamente por el calor) puede aprovechar el agua de cocción de las verduras como base para caldos y sopas.

 

A diferencia de las vitaminas liposolubles, éstas no se almacenan en el organismo, por lo que debemos procurar ingerirlas diariamente ya que sólo podemos prescindir de ellas únicamente por algunos días. El exceso de vitaminas hidrosolubles se excreta por la orina, por lo que tienen efecto tóxico por elevado que sea su consumo.

 

La vitamina C actúa en el organismo como transportadora de oxígeno e hidrógeno, interviene en la asimilación de ciertos aminoácidos, del ácido fólico y del hierro. También participa en forma decisiva en los procesos de desintoxicación que se producen en el hígado y contrarresta los efectos de los nitratos (pesticidas) en el estómago. Es necesaria para producir colágeno, importante en el crecimiento y reparación de las células de los tejidos, encías, vasos huesos y dientes, así como para metabolización de las grasas, acción por la que se le ha atribuido el poder de reducir el colesterol. Investigaciones han demostrado que una alimentación rica en vitamina C nos ofrece protección añadida contra todo tipo de cánceres, mejora la cicatrización de las heridas, reduce el efecto de muchas sustancias productoras de alergias, previene el resfriado común y en general, fortalece las defensas de nuestro organismo.

 

Esta vitamina es muy sensible a la luz, a la temperatura y al oxígeno del aire; por lo tanto, si tiene la costumbre de beber un jugo de naranja natural en el desayuno, tenga en cuenta que pierde su contenido de vitamina C a los 15 ó 20 minutos de haberlo preparado.

 

Con un plan nutricional equilibrado y abundante en productos frescos y naturales, dispondrá no sólo de la vitamina C, sino de todas las vitaminas que se requieren y no necesitarás algún aporte adicional en forma de suplementos farmaceúticos o herbolarios. Recuerda siempre que un aumento de las necesidades biológicas requiere un incremento de estas sustancias, como sucede en determinadas etapas de la infancia, el embarazo, la lactancia y durante la tercera edad. El consumo de tabaco, alcohol o drogas en general provoca un mayor gasto de algunas vitaminas, por eso, quien consume alguna de estas sustancias puede necesitar un aporte suplementario.

 

La mayor parte de las vitaminas sintéticas no pueden sustituir a las orgánicas, es decir, a las contenidas en los alimentos o extraídas de productos naturales (como levaduras,  germen de trigo, etc.), pues aunque las vitaminas de síntesis tengan los mismos elementos estructurales que las orgánicas, en muchos casos no tienen la misma configuración espacial, por lo que sus propiedades no son las mismas.

 

Por último, tome nota: es muy probable que si en su alimentación está faltando la vitamina C, se sentirá cansado, irritable o con dolores en las articulaciones. Además, las necesidades de ácido ascórbico aumentan en personas sometidas a situaciones de estrés.

 

 

 

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