Cada año, millones de personas
se esmeran en hacer enormes listas de PROPÓSITOS
que esperan cumplir desde el primer día de enero. Pero
pasan los meses y esos lindos PLANES se van por
los aires. Y llega el siguiente año y el objetivo es,
ahora sí, cumplir con los del año anterior...más los
que se hayan acumulado para éste ... ¡Un círculo
inacabable!.
LAS
METAS SON PROPÓSITOS
que llevar a cabo, son lo que le da estructura a tus
sueños: relaciones que optimizar o concretar, estudios
que terminar, KILOS QUE PERDER, rutinas de
ejercicios que mantener; en otras palabras: los hacen
realidad; sin embargo, cuando no las alcanzamos se
transforman en una carga que se convierte en ese dolor
de espalda y de ánimo que no permite que nos sintamos
satisfechos y orgullosos.
Fabricamos las METAS en
función de lo que necesitamos o de lo que queremos que
cambie; son necesarias para crecer y ser mejores y nos
parece que tienen magia cuando las vamos alcanzando.
En cambio, cuando no las cumplimos, quedamos atrapados
en la irrealización. ¿Cuántas personas no han soñado
con tener y, sin embargo, no mueven un músculo para
hacer realidad lo que desean? Podríamos contarlas por
montones, e incluirnos de vez en cuando en ese grupo,
¿no es cierto?. Y la razón por la que no aterrizamos
esos sueños es que no nos programamos para
alcanzarlos.
Existe una relación directa
entre lo que se persigue y lo que en realidad se
alcanza, así que si estableces de manera consciente y
clara la METAS, tu mecanismo automático de
conducta tenderá a dirigirse hacia ese punto. Cuando
decimos «no puedo» antes de intentar una tarea se
cumple lo que estamos invocando ya que estamos
haciendo lo posible para no poder y en caso de que sí
se pueda, aseguramos que fue por suerte que ocurrió,
que repetirlo sería casi imposible y que más vale no
tentar al destino.
Las METAS cumplidas nos
dan equilibrio porque proporcionan sentimientos de
logro y poder personal. Atrévete a establecer tus
METAS de una manera consciente e intencionalmente
positiva.
Por ejemplo:
«ESTE AÑO BAJARE POR LO MENOS DE
10 A 15 KILOS LOGRANDO UNA MODIFICACIÓN EN MIS HÁBITOS
ALIMENTICIOS QUE MEJORARA MI CALIDAD DE VIDA».
Para esto sólo tienes que
elaborar un plan de acción que contemple los
siguientes puntos:
-
Establece fechas límite para alcanzarlas: «A
partir de este momento, sólo compraré de despensa
alimentos nutritivos que contribuirán para mi
modificación de hábitos».
-
Identifica posibles obstáculos: «Si no hago yo
misma la despensa, puede ser que los alimentos que
compren no sean los que necesito para cumplir mi
meta».
-
Establece tus prioridades: No trates de de
cumplir 14 metas al mismo tiempo otorgándoles,
además, la misma importancia. Elige las dos o tres
más relevantes y dedícales los siguientes seis
meses.
-
Relaciónate con personas que deseen tu bienestar y
logros: Quienes te dicen «está difícil que
logres recuperar el peso que tenías a los 28 o el
que tenías antes de casarte», son un obstáculo.
-
Céntrate en tus capacidades: «Si realmente quiero
modificar mis hábitos alimenticios, lo puedo
hacer. Todo lo que he hecho ha sido gracias a mi
empeño y esfuerzo». Esto quiere decir que si me
propongo algo con constancia y voluntad lo puedo
lograr.
-
Sigue tu plan de acción: «Hoy comienzo con la
segunda semana del plan de reducción de peso que
me ayudará a recuperar la seguridad en mi mismo y
mejorar mi calidad de vida».
-
Establece metas con conciencia del tiempo
oportuno: «Tres meses es un buen lapso para bajar
de peso y no sentir que estoy limitado con la
comida».
«NUESTRO PROPÓSITO ES BRINDARTE
CADA DIA UN MEJOR SERVICIO Y APOYO PARA MEJORAR TU
CALIDAD DE VIDA»