04 Noviembre 2005

 

 

 

Mitos y errores más frecuentes en la alimentación

 

 

La conducta alimentaria del ser humano está influenciada por una serie de mitos y simbolismos de todo tipo que facilitan o conducen a errores que pueden ser perjudiciales para la salud. Vamos a enumerar algunos de ellos, quizás los más difundidos.

 

 

El aceite de oliva engorda más que el de girasol

 

Todos los aceites, sea cual sea su procedencia, tienen las mismas calorías, es decir, el mismo valor energético. La procedencia del aceite definirá, entre otras cosas, su contenido en ácidos grasos. Asimismo, el hecho de que un aceite sea virgen, fino, crudo o cocido tampoco varía su valor calórico.

 

El aceite es un producto muy saludable, pero a su vez es el alimento más energético; por ello, su reducción debe ser importante a la hora de programar una dieta baja en energía. De poco sirve seguir una dieta rica en verduras y ensaladas si no se controla efizcamente la cantidad de aceite con la que se aderezan estos platos.

 

 

 

 

 

La margarina engorda menos que la mantequilla

 

Ambas grasas tienen, prácticamente, el mismo valor calórico. Lo único que varía es la procedencia de la grasa con la que se han elaborado. La margarina 100% vegetal tiene su procedencia en las grasas vegetales, en los aceites de semillas, concretamente. Por su parte, la mantequilla es el resultado de la grasa de la leche emulsionada. Ambos alimentos deberían utilizarse con moderación dado su elevado valor energético así como su contenido en grasas saturadas.

 

 

 

 

 

La leche descremada alimenta menos que la leche entera

 

La leche descremada tienen la misma cantidad de calcio, proteínas e hidratos de carbono que la leche entera. Lo único que tiene en menor cantidad es la grasa y las vitaminas liposolubles que acompañan a dicha grasa. En una alimentación variada, este tipo de grasa y vitaminas son aportadas en cantidades adecuadas por otros alimentos de uso habitual. Cada vez son más las marcas comerciales que suplen la falta de vitaminas que la leche pierde al quitarle la porción grasa de su composición, añadiendo a la leche descremada las vitaminas que ha perdido en el proceso de desnatado. A su vez, al quitarle a la leche la grasa, ésta aporta menos calorías. En estos momentos, los organismos responsables de la salud recomiendan el consumo de leche y productos lácteos bajos en grasa, concretamente en la población adulta y anciana.

 

 

 

 

 

El pan engorda mucho

 

El pan lleva en su composición aproximadamente un 33% de agua, lo que le hace ser un alimento moderadamente calórico. Es, la mayoría de veces, lo que acompaña al pan (salsas, aceites o mantequillas) lo que ha llevado a decir que el pan engorda mucho. No es el pan en sí, sino los alimentos ricos en grasas, los que le han dado al pan la injustificada fama como alimento muy calórico. Este hecho ha provocado un peligroso descenso del consumo del pan, un alimento completo, muy saludable y relativamente económico, favoreciendo a su vez el aumento de otros productos cuyo consumo debería ser más moderado, como es el caso de la bollería, la pastelería o los alimentos preparados.

 

 

 

 

 

El limón y la piña como anti-grasa

 

No existe ningún alimento que de por sí sea «anti-grasa». Todo alimento consumido en exceso puede engordar. En realidad, la cantidad de energía total ingerida a lo largo del día a través de los diferentes alimentos va a ser la que puede favorecer un aumento de peso. Toda energía consumida en exceso, ya sea a través de la piña, de verdura, de pasta o de chocolate va a favorecer dicho incremento de peso. Si es cierto que el limón y la piña son alimentos, por la cantidad de agua y fibra que contienen, muy poco energéticos y a la vez sacientes.

 

 

 

 

Los huevos rojos son mucho más alimenticios que los huevos blancos

 

Este es un tipo de error muy difundido, ya que los huevos rojos se consideran más naturales, nutritivos y poco manipulados que los blancos. Los huevos rojos proceden de una raza determinada de gallinas. El color de la cáscara no varía en absoluto el valor nutritivo de los huevos.

 

 

 

Es evidente que hay muchos errores y de los más variados. Una recomendación es que en relación a la alimentación se dé paso al sentido común y a la lógica. No hay que creer todo lo que se lee, se ve o se oye. No existen alimentos «milagro». La alimentación racional y de «toda la vida» será probablemente la que nos conduzca a una alimentación saludable.

 

Para el ser humano, la alimentación es un proceso vital para que el organismo funcione lo mejor posible, evitando la fatiga, el desgaste excesivo y favoreciendo el óptimo rendimiento. Para ello no se necesitan alimentos «milagro» o «bebidas explosivas». Se requiere variedad, calidad y cantidad adecuada en la alimentación de cada día; eso si, siempre aliñada de sentido común, algo de imaginación y, al mismo tiempo, una dosis de satisfacción.

 

La alimentación saludable debería ser algo agradable y placentero donde la imaginación y la gastronomía fuesen los pilares, junto con unos criterios lógicos y sensatos.

 

 

 

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