Datos recientes de la
organización Mundial de la Salud revelan que México
ocupa en la actualidad el tercer lugar mundial en
obesidad, debido, principalmente, a la vida
sedentaria, los malos hábitos alimenticios y el
creciente consumo de comida «chatarra»
La existencia de estos
«garbanzos de a libra» polariza las opiniones, pero
más allá de estas divergencias, quisiéramos invitarlos
a reflexionar sobre la base en que descansan nuestras
aspiraciones de campeonatos, trofeos y records
mundiales: la alimentación de los mexicanos.
Más allá del lugar común es
cierto que somos lo que comemos. Nuestros hábitos
alimenticios determinan en gran medida, los alcances
de la actividad que realizamos. En las últimas
décadas, los retos que imponen la modernidad han
tenido un notable impacto en la manera en que los
mexicanos nos alimentamos. El crecimiento de las
grandes ciudades han impactado no sólo en el
desplazamiento que la mancha urbana ejerce sobre las
áreas rurales, sino también han abierto la puerta a
nuevos hábitos alimentarios.
La cocina tradicional mexicana,
rica en nutrientes y variada en verduras, leguminosas
y fuentes de proteína animal y vegetal, se ha
transformado gradualmente y ha ido perdiendo calidad
nutritiva. El ajetreo urbano, los reducidos tiempos de
que disponemos para alimentarnos y el impacto de la
«comida rápida» han transformado nuestros hábitos
alimenticios colocando nuestra salud contra la pared.
La vida sedentaria, los malos
hábitos alimenticios y el creciente consumo de comida
«chatarra» se constituyen como uno de los mayores
retos de salud pública que enfrenta la sociedad
mexicana. Datos recientes de la Organización Mundial
de la Salud revelan que México ocupa en la actualidad
el tercer lugar mundial en obesidad.
Pero si a esto sumamos el hecho
de nuestra prácticamente nula cultura del
acondicionamiento físico, el resultado nos lleva a la
explicación de los mil y un porqués que responden a
los malos resultados de nuestras representaciones en
juntas deportivas. Los mexicanos somos una sociedad
mal alimentada. Estudios recientes revelan que 28 de
cada 100 niños entre 5 y 11 años de edad, padecen
obesidad.
Este sobrepeso les llevará a una
vida adulta llena de complicaciones que no sólo
repercutirán en su autoestima y en su vida productiva,
sino que será la causa principal del aumento en las
cifras de pacientes con diabetes, problemas vasculares
y complicaciones ortopédicas, entre otras.
Independientemente de nuestras
metas como productores de deportistas de alto
rendimiento, es importante volver la mirada hacia el
problema estructural de grandes proporciones que
representa la buena alimentación de las generaciones
en desarrollo.
La realidad, que tiene cabeza
dura, nos habla de las dimensiones del reto. En la
paradoja de la actualidad, por un lado nos aqueja el
problema de la mala alimentación de casi dos tercios
de la población nacional y por el otro, el sobrepeso
se cierne sobre las futuras generaciones, no porque
esto represente que nuestros niños gorditos estén muy
bien alimentados, sino por el contrario, porque en sus
deficiencias alimenticias van construyendo día a día
el camino hacia la enfermedad.
Para evitar el
sobrepeso, los médicos recomiendan una dieta
balanceada baja en grasas, tener horarios regulares
para comer y la práctica del ejercicio físico.
Atendamos esta consideración y
en lo posible modifiquemos nuestros hábitos. Llevar
una vida saludable puede ser un buen principio para ir
alejando de nosotros el fantasma que hoy llama a
nuestra puerta para recordarnos que en el mundo hoy
somos medalla de bronce en obesidad