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Los alimentos que causan fuertes
altibajos de glucosa producen o acentúan una situación
de estrés. Es lo que ocurre cuando se consumen
hidratos de carbono refinados (azúcar, bollos, pan
blanco). El proceso de refinado aumenta el índice
glicémico de esos alimentos, es decir, la velocidad
con que se digieren, se convierten en glucosa y pasan
a la sangre.
Ese aumento brusco de glucosa da
lugar a una brusca secreción de insulina con el fin de
reducir la glucemia a sus límites normales. Eso
produce a su vez una baja de glucosa demasiado
intensa. Dado que ésta es el principal alimento del
cerebro, ese bajón se manifiesta en dificultad para
concentrarse, falta de energía, cambios de humor.
En un estado más avanzado
(hipoglucemia), también puede producirse sudor,
temblor de las manos. Suele solventarse con un café o
una Coca Cola. Los azúcares rápidos producen un
latigazo de energía en una primera fase, pero un bajón
en la fase siguiente. Los estimulantes, como el café,
té, tabaco y por supuesto el chocolate, que contienen
sustancias -cafeína, teeína, teofilina, teobromina-
que estimulan la producción de adrenalina por parte de
las glándulas suprarrenales, provocan una reacción
similar a la del estrés, por eso es bueno disminuir su
consumo.
También aumentan el estrés los
alimentos con escasos micronutrientes (vitaminas,
minerales, etc.). Los hidratos de carbono precisan,
para ser metabolizados en energía, vitaminas del grupo
B y ciertos minerales. Apuéstele a todas las frutas,
ricas en minerales, azúcares naturales y vitaminas,
son excelentes en la lucha contra el estrés.
Finalmente, es muy aconsejable
mantener una adecuada hidratación del organismo y por
eso debe deber al menos dos litros de agua diarios.
Otras pautas
Es mucho más reconstituyente un
descanso de media hora después de comer que dar un
subidón al sistema tomando café. Otra salida natural
para las hormonas del estrés es el ejercicio físico.
Cuando esté estresado y lleva una vida sedentaria, en
su organismo se encuentra en exceso la adrenalina y la
cortisona, razón por la cual uno o varios de estos
síntomas están a la orden del día: dolor de cabeza,
espalda o cuello, trastornos digestivos,
palpitaciones, insomnio o una sensación de falta de
aire.
Cuando hace ejercicio, su
organismo produce endorfinas, hormonas en la
relajación y el bienestar. También es recomendable que
practique la relajación y que comparta sus
preocupaciones y miedos por medio de la palabra.
Platique, no se quede callado. Finalmente, revise sus
creencias con respecto a lo que tiene que hacer, a
veces es más fuerte la autoexigencia que la presión
real externa. Da un repaso a sus prioridades. |