En principio hay una razón de
«peso». En mi experiencia y en la de gran número de
compañeros médicos consultados, después de muchos años
en una clínica dietética, podemos afirmar que a ningún
obeso le gusta serlo. Por lo tanto es evidente que el
primer beneficio va a ser el psicológico. Podemos
enfocarlo como queramos pero la ganancia en
autoestima, seguridad en uno mismo, aceptación social,
etc. es muy importante a la hora de motivar y
motivarse de cara a la obtención de la pérdida de peso
deseada.
Por otro lado, indudablemente lo
más importante va a ser la ganancia en salud. La
reducción de peso conlleva una evidente ganancia en la
calidad y en la cantidad de vida. Los obesos que
adelgazan reducen sus posibilidades de padecer
diabetes, hipertensión arterial, artrosis,
enfermedades hepático-biliares, etc.
Además mejoran su tolerancia al
ejercicio físico y evitan complicaciones a la hora de
una intervención quirúrgica si ésta fuera necesaria.
El objetivo del tratamiento
sería tratar de conseguir el peso teórico ideal. Sin
embargo, esto que parece en teoría tan sencillo puede
ser una empresa, en muchos casos, más que imposible.
Yo me conformo y aliento a mis pacientes a que
consigan un peso, que aunque no coincida con el que
las tablas antropométricas le consideren como el
idóneo, sea sin embargo, estéticamente aceptable,
entre dentro de los que podríamos llamar «no de
riesgo» para su salud y lo que es más importante,
puedan mantenerlo sin necesidad de estar
mortificándose, dietéticamente hablando, todos los
días.
Antes que nada, me gusta poner
las cosas lo más claras posibles a todos los
candidatos optimistas a un tratamiento dietético de su
obesidad. En este sentido, intento que comprendan que
nos guste o no nos guste, la obesidad es una
enfermedad crónica y esto es importantísimo que lo
comprenda todo el mundo. La obesidad es para toda la
vida y por lo tanto, durante toda la vida, el obeso
tendrá que estar luchando o bien para perder el exceso
de peso o para intentar mantener el peso perdido.
Desgraciadamente no contamos con
la fórmula mágica con la que podamos «cambiar el
metabolismo» de las personas. Ese concepto es
linteralmente MENTIRA. Y es
lamentable que todavía hoy, incluso algunos que se
aprecian de ser «profesionales» de la salud, lo
utilicen para atraer «clientes» a sus consultorios.
En una ponencia que se presentó
en el simposio «Nutrición para una vida
saludable», se expuso:
«podemos dar ciertas
recomendaciones para tratar o evitar la obesidad: no
comer mientras ven la televisión o videojuegos, se lee
o se trabaja frente a la computadora, no abastecer la
casa de alimentos que no beneficien».
Además es bueno comer raciones
más pequeñas de lo que se está acostumbrado a comer,
incluir abundante volumen de verduras y/o ensaladas en
cada alimento, planear actividades recreativas con
alto consumo de energía (patinar, bicicleta, caminar,
bailar, etc.) y alguna actividad física o deporte 3 ó
4 veces a la semana.
«La actividad física aeróbica es
colocada como la forma más efectiva para disminuir la
grasa corporal. Estudios recientes sugieren que es
preferible realizar actividad física aeróbica y no
sólo dieta recomendable para modificar la composición
corporal, sobre todo a largo plazo».