19 Agosto 2005

 

 

 

La halitosis, un problema común

 

 

Cuando hablamos de halitosis o mal aliento nos referimos a un problema que afecta a gran parte de la población, sin que en ocasiones se llegue a conocer el motivo. Esta alteración puede provocar algunos problemas en la vida diaria porque reduce la autoestima de quien la sufre, al mismo tiempo dificulta las relaciones interperesonales.

 

Aunque son muchas las causas que provocan la halitosis, la mayoría de las veces su origen es bucal y se debe principalmente a la proliferación de bacterias, como la peptostreptococcus, eubacterium, selenomonas, centipeda, bacteroides y fusobacterium, cuya fermentación resulta en algunos compuestos químicos (ácido sulfhidrico, metilmercaptanos, etc) que, en el 90% de los casos, se asocian con el problema del mal aliento. En un intento por enmascararla, quienes la padecen suelen gastar grandes cantidades de dinero en diferentes productos comerciales, como soluciones antisépticas, pastas dentales, hilo dental y pastillas refrescantes.

 

Sin embargo, la halitosis de origen oral se debe principalmente a la mala higiene, a los alimentos que se ingieren y a los condimentos que los acompañan, como el ajo, la cebolla o el curri. Por otra parte, y como ya se dijo, en la boca y en la lengua existen muchas bacterias, al menos 500 especies, que pueden favorecer la fermentación y el mal aliento, el cual se presenta sobre todo al despertar en las mañanas; de ahí, la importancia de una buena higiene bucal. Dado que una causa importante del mal aliento son las caries, hay que revisar las piezas dentarias, por lo que se recomienda examinarse dos veces al año, así como tomar medidas preventivas.

 

Otras causas potenciales incluyen la amigdalitis infecciosa, la sinusitis y las enfermedades de las vías respiratorias provocadas por infecciones virales o bacterianas, al igual que los problemas ocasionados por la acidez, como el reflujo gastrorsofágico (agruras); esta es una afección muy frecuente y en aumento como consecuencia de los malos hábitos en la dieta, el sedentarismo, la obesidad y la ingesta cuantiosa y rápida de alimentos; además, una masticación deficiente, aunada al menor vaciamiento de los alimentos por el estómago, favorece la mala digestión (dispepsia) con eructos que acentúan el problema del mal aliento.

 

La infección por helicobacter pylori (Hp) se puede contraer inadvertidamente a edades muy tempranas (la niñez o la adolescencia) a través de los alimentos o el agua. Es una bacteria que coloniza el estómago y daña la mucosa gástrica y el intestino delgado, por lo que favorece la aparición de úlcera duodenal y gastritis crónica, y puede, en un momento dado, causar dolor, ardor, pérdida de apetito y peso, y también provocar mal aliento por la producción de enzimas, como la ureasa. Se detecta por medio de biopsias del estómago y también por la presencia de anticuerpos para Hp en muestras de sangre.

 

Otras enfermedades que causan mal aliento incluyen las afecciones crónicas del riñón, como la insuficiencia renal que produce acumulación de urea y favorece el aliento amoniacal. Las enfermedades hepáticas, como la cirrosis, provocan halitosis, al igual que la diabetes mellitus, porque el incremento de glucosa en la sangre (azúcar) resulta en un aliento afrutado; de hecho, la halitosis puede ser el marcador específico para detectar una enfermedad descompensada o con actividad importante. Y, por supuesto, está el tabaquismo, el cual causa mal aliento según la cantidad de cigarrillos que se consumen y el tipo de bebidas con que se acompañan, como el café, el vino o la cerveza.

 

A la halitosis, la detecta la persona que la padece o la gente que la rodea. Existen algunos compuestos en la saliva y en la lengua que permiten saberlo: los sulfuros, algunos ácidos grasos (propiónico, butírico), alcoholes (propanol), fenilos (indol), las cetonas y los compuestos nitrogenados (amonio).

 

Por lo general, la saliva es estéril, pero cuando se pone en contacto con la lengua y la pared de la boca se contamina por la presencia de bacterias, por lo que habrá una mayor cantidad de proteínas o glucoproteínas por mililitro de saliva. Aunque existen algunos métodos para detectar la halitosis, no son muchos y resultan bastante complicados.

 

 

 

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