La hipoglucemia, por sí misma,
entre la profesión médica se acepta sólo en
condiciones diabéticas cuando el diabético sufre una
bajada de glucosa. Si, por el contrario, ésta ocurre
en una persona no diabética entonces se le llama
hipoglucemia reactiva. Sin embargo, la medicina
alopática apenas reconoce este desequilibrio y por
ello, cuando el paciente recurre al médico con esta
sintomatología, lo más común es diagnosticarlo de
ansiedad, recomendarle fármacos ansiolíticos y
enviarlos a casa, al psicólogo o, en aquellos casos
más graves, al psiquiatra.
Bioquímicamente hablando, la
hipoglucemia reactiva es una concentración de glucosa
en la sangre más baja de lo normal para los estándares
de la persona que la sufre. El nivel de glucosa en
sangre de una persona hipoglucémica sube después de
las comidas y tiene una descenso significativamente
más bajo de lo normal al cabo de entre 2 y 5 horas.
La glucosa es el alimento
principal del cerebro y del sistema nervioso. Ninguno
puede sintetizarla o guardarla. Así pues, si la
concentración de glucosa en sangre baja a un nivel
crítico, tanto el sistema nervioso como el cerebro se
verán afectados causando un sinfín de síntomas. Sin
embargo, el nivel de glucosa en sangre fluctúa en un
margen más o menos pequeño durante el día, dependiendo
de las comidas y del tiempo transcurrido entre éstas,
sin que dicha fluctuación cause una disfunción
cerebral. A esto NO se le llama hipoglucemia reactiva.
También, en ciertos momentos algunas personas pueden
experimentar una bajada transitoria de los niveles de
glucosa, la cual es rápidamente rectificada por los
propios mecanismos de regulación de la glucosa de los
que dispone el organismo.
Es importante aclarar que el
nivel de glucosa promedio está entre 70 y 115 mg/dl.
Sin embargo, esta cifra es simplemente una
aproximación. Algunas personas tienen un nivel por
debajo y, en cambio, se sienten perfectamente;
mientras otras mantienen los niveles dentro de estos
parámetros, aún cuando sufren un bajón, y sin embargo,
sienten un gran malestar.
Los síntomas de la hipoglucemia
reactiva están divididos en dos grandes grupos. Los
síntomas neuroglicopénicos, causados cuando el cerebro
no recibe suficiente cantidad de glucosa; y los
síntomas neurogénicos, que se manifiestan cuando las
glándulas suprarrenales producen adrenalina y
noradrenalina, con el fin de volver a subir los
niveles de glucosa de la sangre.
Síntomas
neuroglucopénicos:
Debilidad, llanto, angustia,
visión borrosa, confusión, fatiga, irritabilidad,
pánico, nerviosismo, falta de concentración,
incoordinación, depresión.
Síntomas neurogénicos:
Sudor, sofoco, taquicardia,
mareos, nausea, temblores, vértigo, sensación de
pánico y miedo, ansiedad, dolores de cabeza, espasmos
intestinales, ahogo, sensación de hormigueo.
Estos síntomas suelen ser
episódicos, y se relacionan con el tiempo transcurrido
y el contenido de la comida previa. Normalmente,
mejoran al comer. Tienen su razón de ser: en
circunstancias normales la glucosa de la sangre se
mantiene dentro de un margen de variación bastante
estrecho controlado por diferentes hormonas, las
cuales responden rápidamente al menor cambio. Con la
ingesta y metabolismo de carbohidratos (verduras,
ensaladas, cereales...), los niveles de glucosa en la
sangre aumentan de forma constante, activando la
producción de una cantidad moderada de insulina. Ésta
disminuye paulatinamente los niveles de glucosa
escoltándola, por un lado, a las células, y, por otro,
enviándola al hígado y los músculos para ser
almacenada.
Sin embargo, cuando se consumen
azúcares (azúcar de mesa, miel, fructosa etc.) o
carbohidratos refinados (harinas refinadas como pan
blanco, pasta, bollería etc.), los niveles de glucosa
aumentan desproporcionadamente. Esto hace que el
páncreas segregue una fuerte cantidad de insulina, lo
cual provoca una retirada de glucosa demasiado brusca:
en otras palabras, aparece la hipoglucemia reactiva
con sus correspondientes síntomas neuroglucopénicos.
El hipotálamo cuando siente este
bajón de glucosa, activa el Sistema Nervioso Autónomo,
a través del cual se segregan catecolaminas
(adrenalina y noradrenalina, principalmente). Estas
hormonas estimulan la salida del glucógeno almacenado,
lo cual produce un aumento de los niveles de glucosa.
Esta producción de catecolaminas es la causante de los
síntomas neurogénicos.
Con los años, y si la costumbre
de comer azúcares y carbohidratos refinados continúa,
el organismo es condicionado a producir más y más
insulina, y a su vez, más y más catecolaminas. Esto
produce un agotamiento tanto del páncreas como de las
suprarrenales, llegando, también, a afectar la forma
en que el cuerpo se enfrenta a cualquier otra
situación de estrés. No es de extrañar que el paciente
que sufre de hipoglucemia reactiva se sienta estresado
y ansioso, e infinidad de veces sea víctima de un mal
diagnóstico basado únicamente en su estado emocional.
No solamente el azúcar y los
carbohidratos refinados son los responsables del
desarrollo de la hipoglucemia reactiva, también los
cigarrillos y el café pueden producir o empeorar este
desequilibrio. Estas sustancias activan directamente
las glándulas suprarrenales para producir
catecolaminas, las cuales, como ya he mencionado
anteriormente, activan la salida del glucógeno y, por
lo tanto, el aumento de glucosa. Para contrarrestar,
el páncreas libera insulina y como resultado aparece
el "bajón" de glucosa en la sangre. De hecho, en un
estudio de investigación sobre el tabaco y la
hipoglucemia reactiva llevado a cabo por el Dr. Don C.
Hemingway, publicado en el Journal of Orthomolecular
Medicine en 1989, observó que si a fumadores con
hipoglucemia se les hacía fumar un cigarrillo y se les
sometía al Test de Tolerancia de la Glucosa, sus
niveles de glucosa aumentaban, mostraban una mejoría
física inmediata y disminuían sus síntomas de
hipoglucemia. Así se dio cuenta de que el organismo
aprende muy rápidamente a anhelar un cigarrillo cuando
los niveles de glucosa disminuyen. Parece ser que lo
mismo ocurre con la cafeína. Por otro lado, el alcohol
inhibe la movilización de las reservas de glucosa del
hígado causando una severa hipoglucemia.
Por todo esto, recomendamos siempre balancear sus
alimentos, comer en horarios establecidos y no hacer
ayunos prolongados. Recuerde que el comer
balanceadamente hará prevenir un sin número de
enfermedades.