La glándulas tiroides es un pequeño órgano que mide
alrededor de 5 o 6 cm. de diámetro y se sitúa en la
parte baja del cuello, por debajo de la manzana de
Adán. A pesar de ser tan pequeña, su trabajo es tan
completo y relevante que cuando funciona mal acarrea
problemas serios. Por lo general, sólo se puede ver y
palpar cuando se encuentra crecida (bocio).
Las sustancias que secreta se llaman hormonas
tiroideas y trabajan en prácticamente todos los
tejidos del cuerpo, aunque destacan en el recambio de
diversos nutrientes como los hidratos de carbono, las
proteínas, los lípidos y las vitaminas. El yodo es uno
de los elementos más importantes para formar las
hormonas tiroideas, ya que de su disponibilidad
depende la producción hormonal de la glándula. Por
esta razón hoy se agrega yodo a muchas sustancias de
uso común como la sal para evitar complicaciones.
Las enfermedades de la glándula tiroides se pueden
dividir en problemas de su función y en cambios en su
forma y tamaño. Cuando la glándula trabaja más rápido
se torna hiperactiva y fabrica hormonas en cantidades
abundantes, lo que se conoce como hipertiroidismo.
Entonces el corazón no puede quedarse quieto y late
apresuradamente (taquicardia), la presión arterial
sube, hay nerviosismo, frecuentemente se tiene
insomnio y diarrea y se pierde peso a pesar de que el
apetito aumenta; los ojos se vuelven saltones y pueden
estar enrojecidos, la piel se humedece y aumenta el
sudor.
Para determinar el funcionamiento de la glándula
tiroides se utilizan pruebas de laboratorio que
consisten en medir la concentración de las hormonas en
una toma de sangre. Aunque estos exámenes son muy
sensibles y están al alcance del médico general, se
aconseja que la prueba la realice un médico
especialista cuando su interpretación se dificulte
como, por ejemplo, en el caso de personas con
insuficiencia renal, trastornos genéticos o cuando se
usen determinados medicamentos. El tratamiento incluye
medicamentos por largos periodos, yodo radioactivo, o
cirugía, y sólo el médico puede indicar el más
adecuado.
Cuando hay hipotiroidismo la glándula disminuye su
funcionamiento, se torna lenta y comienza a generar
una menor cantidad de hormonas, los síntomas son todo
lo contrario a lo que describimos en el caso del
hipertiroidismo: la persona tiene el pulso lento
(bradicardia), la voz se pone ronca, la cara se
hincha, aumenta de peso, el pelo se cae, hay
estreñimiento y la piel se seca, además de no tolerar
el frío. En casos graves se dan incluso trastornos del
sistema nervioso que pueden llegar hasta el estado de
coma. El diagnostico se realiza cuantificando las
hormonas tiroideas en la sangre y prescribiendo una
terapia hormonal sustitutiva de tabletas de hormona
tiroidea que se deben tomar todos los días durante
toda la vida para tratar de reemplazar la hormona
natural que ya no se produce en cantidades
suficientes. Es importante destacar que
independientemente del trastorno de la función que se
tenga, con el tratamiento actual el pronóstico es
bueno.
Comparativo de Hipotiroidismo e Hipertiroidismo
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Hipotiroidismo |
Hipertiroidismo |
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Caída del cabello |
Nerviosismo, insomnio |
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Cansancio y cambios de carácter |
Ojos saltones y enrojecidos |
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Cara hinchada |
Aumento del sudor y piel húmeda |
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Lentitud al hablar |
Taquicardia |
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Voz ronca |
Aumento de la presión arterial |
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Una bolita (nódulo) debajo de la «manzana de
Adán» |
Pérdida de peso, aunque hay más apetito |
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Colesterol alto |
Temblor |
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Piel seca y gruesa |
Diarrea |
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Pulso lento |
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Aumento inexplicable de peso |
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Estreñimiento |
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