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08 Julio
2005 |
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El desayuno, la comida más importante del día |
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El desayuno o «des-ayuno» es la primera comida del día
y, como su significado lo indica, rompe el ayuno.
Desde el punto de vista fisiológico, interrumpe un
periodo de ayuno muy prolongado posterior a las horas
de sueño y es la primera oportunidad que el cuerpo
tiene para recargar los niveles de glucosa (azúcar en
la sangre). Durante el sueño, muchas funciones
cerebrales «se ven disminuidas» pero, al despertar, se
reactivan nuevamente y requieren del aporte energético
que proporcionan los alimentos que normalmente se
consumen en el desayuno: los carbohidratos, las grasas
y las proteínas.
Hay que tener en cuenta que el organismo lleva entre 8
y 10 horas sin recibir alimento, y que durante toda la
noche ha funcionado gracias a las reservas aportadas
por la cena. Con el desayuno el cuerpo renueva sus
reservas energéticas para realizar las actividades de
la mañana.
Pero … ¿qué ocurre si no desayunamos?
Saltarse el desayuno implica someter el cuerpo a un
estado de hipoglucemia (descenso del azúcar en la
sangre) que se suele producir a media mañana mientras
estamos trabajando; en el salón de clases, a los niños
les ocasiona decaimiento, falta de concentración,
menor rendimiento físico e intelectual, mal humor,
nerviosismo e irritabilidad debido al déficit de
glucosa -nuestro principal combustible energético- que
produce el ayuno. La falta de glucosa obliga al cuerpo
a utilizar otras reservas energéticas, entre las que
se encuentran las grasas y los componentes de las
proteínas que, por un lado, son una fuente de
combustible menos eficaz y, por otro, provocan
múltiples alteraciones en el funcionamiento orgánico
si se utilizan como fuente principal de energía.
Se ha determinado que la concentración de glucosa en
la sangre incide en algunas funciones cognoscitivas
como, por ejemplo, en la habilidad para recordar y
utilizar la información recién adquirida; los niños
que no desayunan son menos eficientes en la selección
de información critica (desempeño en matemáticas y
tareas creativas) para solucionar problemas que los
que sí desayunan. Omitir el desayuno nos lleva a
deficiencias de vitamina B1 que ocasionan el mal
funcionamiento de las neuronas (células del sistema
nervioso), lo que provoca síntomas como cansancio,
desánimo y depresión.
No se valen las excusas
Todos tenemos excusas y argumentos perfectos cuando se
aborda el tema del desayuno; por ejemplo:
No tengo apetito en las mañanas.
Esto se debe al consumo excesivo de alimentos por la
noche o al de alimentos ricos en grasas que retardan
el vaciamiento gástrico; el exceso de energía
adquirido el día anterior se mantiene durante la
mañana siguiente, lo que da como resultado el no tener
hambre a la hora del desayuno; en este caso, es
preferible hacer una cena con un mínimo aporte
calórico y con alimentos de poca permanencia en el
estómago.
No tengo tiempo y quiero dormir un poco más.
Hay que prever el tiempo que requerimos en la mañana,
al menos de 10 a 15 minutos para tomar el desayuno sin
prisas. En estos casos lo mejor es dejarlo listo desde
la noche anterior o elegir menús de fácil preparación,
con lo que se evita la excusa de la falta de tiempo;
es esencial que todos los miembros de la familia
tengan presente la importancia del desayuno en su
alimentación diaria y, para lograrlo, los padres deben
hacer participar a los demás miembros en su planeación
y elaboración.
Quiero perder peso y reducir la ingesta de calorías.
Por un lado, la energía ingerida en el desayuno se
consume a lo largo del día; por el otro, no desayunar
predispone a consumir una mayor cantidad de calorías
en el transcurso del día.
Los grandes beneficios de desayunar
Desayunar correctamente aporta beneficios tanto
fisiológicos como psicológicos, por ejemplo:
Mejora el estado nutricional y la salud:
El desayuno es esencial en las etapas de la infancia,
la adolescencia, el embarazo y la lactancia, ya que
cubre las primeras necesidades de nutrimentos
indispensables y evita los estados carenciales que
modifican las reservas del organismo, las cuales, en
algunas etapas de la vida, son importantes para
mantener el buen crecimiento y desarrollo. Por lo
general, las personas que no desayunan tienen una
alimentación de mala calidad, mientras que quienes lo
hacen, suelen seguir una dieta con menos grasa y más
rica en fibra, vitaminas y minerales.
También se ha determinado que los adultos que no
desayunan tienen niveles más altos de colesterol y,
por consiguiente, están en un riesgo mayor de
desarrollar alguna enfermedad del corazón; es posible,
además, que no cubran los nutrimentos que se requieren
durante el día, los que generalmente se consumen en
las mañanas, como vitaminas, tiamina (B1), C y D,
hierro, fósforo, calcio, potasio, zinc, fibra,
proteínas y glucosa, cuyas principales funciones en el
organismo son las siguientes:
La vitamina C
favorece la absorción de hierro, nos ayuda a superar
los complejos infecciosos y a regenerar los tejidos.
La tiamina
favorece el aprovechamiento de los carbohidratos y
genera energía.
El potasio
logra el equilibrio electrolítico y cubre las
necesidades propias de la actividad muscular y
cerebral.
La fibra
facilita el buen tránsito intestinal y evita el
estreñimiento.
La vitamina D
permite aprovechar el calcio ingerido en los
alimentos.
El calcio
ayuda a realizar correctamente la transmisión de los
impulsos nerviosos, la coagulación de la sangre, la
contracción muscular, la integridad de los huesos y la
resistencia de los dientes contra la caries.
El hierro
permite la buena conformación de la hemoglobina y la
adecuada oxigenación de los tejidos.
Las proteínas
aportan las sustancias necesarias para construir y
regenerar tejidos, huesos, cartílagos, sangre y
músculos; lo que hace posible el crecimiento de los
niños y adolescentes.
La glucosa
es el combustible que el organismo necesita para
realizar el trabajo fisiológico, físico e intelectual.
Mejora el rendimiento físico e intelectual:
Un buen desayuno proporciona la glucosa que facilita
la concentración, la memoria y las habilidades
intelectuales. Al omitirlo se ponen en marcha una
serie de mecanismos (descenso de la hormona
insulina y aumento de cortisol y catecolaminas) para
mantener la glucemia (nivel de azucar en sangre) en
valores aceptables. estos cambios hormonales alteran o
condicionan la conducta e influyen negativamente en el
rendimiento fisico e intelectual.
El desayuno reviste particular importancia en el caso
de los escolares porque la realización de algún tipo
de actividad física en ayunas puede resultar en fatiga
o en un desmayo por falta de energía. por otra parte,
ciertos estudios científicos han demostrado que los
niños que desayunan tienen un mejor rendimiento
escolar, debido al aporte de la glucosa, el calcio y
el hierro necesarios para el mayor funcionamiento del
cerebro; por consiguiente tienen mayor concentración,
mejor comportamiento, rendimiento y productividad, al
mismo tiempo que les asegura un buen crecimiento y
desarrollo.
Los objetivos no son sólo obtener un buen rendimiento
físico o escolar, sino también familiarizar a los más
jóvenes con hábitos alimentarios correctos que
prevengan enfermedades tales como la obesidad, las
caries, problemas cardiovasculares, etc., relacionadas
en gran medida con una alimentación incorrecta.
Ayuda a controlar el peso y reduce el riesgo de
obesidad: Un
mayor número de quienes desayunan mantienen el peso
dentro de límites saludables que quienes lo omiten. El
hecho de repartir las calorías entre tres o cuatro
comidas ayuda a no sobre cargar ninguna de ellas, lo
que también contribuye a evitar la ingesta de
alimentos entre horas (galletas, golosinas, pan,
dulces, refrescos, alimentos con alto contenido en
grasas, etc.), factor muy importante a la hora de
controlar el peso y el consumo de azucares simples y
grasas.
Pretende adelgazar sin desayunar es un error, porque
se corre el riesgo de sobrealimentarse con un mayor
consumo de kilo calorías por la tarde y noche, mismas
que se guardaran en el tejido adiposo como reserva en
forma de grasa.
Las personas que no desayunan tienen el índice de masa
corporal (medida que se usa para determinar si se
tiene sobrepeso o se está obesa) más alto que quienes
acostumbran un desayuno nutritivo y balanceado. El
sobrepeso comienza en casa con un desayuno inadecuado;
es en la familia donde se debe aprender a comer y a
desarrollar los hábitos alimenticios correctos.
Iniciar el día con un desayuno insuficiente es
perjudicial para el organismo, al igual que ingerir
alimentos en cantidades excesivas. Con frecuencia se
oscila entre algo rápido y escaso, y uno donde se
abusa del azúcar, harinas y grasas, se toman pocas
proteínas y nula cantidad de fibra. Si se exagera la
proporción de hidratos de carbono por el consumo
exclusivo de pan, galletas, cereales endulzados,
azúcar, miel, mermelada y harinas refinadas, se
facilita la secreción de insulina, lo que inducirá un
efecto de rebote de hambre desmedida, similar a salir
de casa sin desayunar.
Los desayunos que se basan en huevos, carne,
embutidos, quesos y pan con bajo contenido de fibra
insoluble y soluble (que aportan los cereales
integrales, frutas, verduras y leguminosas) se
vinculan con el exceso de peso; esto se debe a que los
alimentos que aportan fibra toman más tiempo en
digerirse y uno se siente satisfecho un rato más
largo, además de ayudar a evitar el consumo excesivo
de alimentos más tarde en el día.
Las personas que consumen en su desayuno al menos el
25% de sus necesidades de calorías diarias son menos
propensas a la obesidad y la diabetes que las que no
desayunan o lo hacen de manera insuficiente; los
índices de obesidad y síndrome de resistencia a la
insulina (hormona que produce el páncreas) son entre
35% y 50% mas bajos en las personas que desayunan
correctamente frente a quienes se los saltan con
frecuencia.
Los alimentos que aportan los nutrimentos necesarios
en el desayuno son:
Los lácteos:
de preferencia leche de bajo contenido en grasa o
desnatada, queso (fresco, requesón o cottage), yogurth
de leche parcialmente descremada y leche cuajada, etc.
Fundamentalmente, los productos lácteos aportan
proteínas de alto valor biológico y aseguran la
cantidad diaria necesaria de calcio, fósforo,
vitaminas del grupo B y vitamina D.
Las frutas y los vegetales
son fuentes excelentes de vitaminas, minerales y
fibra. En las frutas destaca el contenido de vitamina
C (lima, mandarina, naranja, toronja, melón, fresas y
guayaba) y de pro-vitamina A (papaya, cerezas, melón,
durazno, piña y mangos), ambas de acción antioxidante.
En menor proporción, se encuentran otras vitaminas del
grupo B solubles en agua, biotina y ácido pantoténico
(cítricos, higos). Una excelente forma de aprovechar
estas vitaminas es tomar en forma inmediata el jugo
extraído de las frutas frescas. Minerales: en las
frutas abunda el potasio, como en el plátano, kiwi,
nectarina, melón, uva, cerezas, ciruelas, piña y
papaya. Fibra: las frutas aportan fibra del tipo de la
hemicelulosa y la pectina; esta es una fibra que
retiene el agua y se vuelve gel, el cual retarda la
digestión y la absorción de nutrimentos desde el
estómago y el intestino. La fibra en las frutas
frescas se encuentra en una proporción entre el 0.7% y
el 4.7%, cantidad que reduce al pelar la fruta: en las
manzanas, un 11% y en las peras, alrededor del 34% .
El valor calórico de las frutas esta determinado por
su concentración en azucares, o oscilando entre 30 y
80 Kcal/100 gr.
Los vegetales destacan por su bajo contenido en
carbohidratos; son ricos en beta-caroteno
(pro-vitamina A), vitamina C, hierro, potasio,
magnesio y ácido fólico. Aportan cantidades
importantes de fibra soluble e insoluble; esta última
da una sensación de saciedad y volumen a las heces. El
valor calórico de los vegetales es de alrededor de 25
Kcal/100gr.
Los cereales:
Son alimentos imprescindibles para el desayuno; el pan
y los cereales, sobre todo los integrales, tienen un
alto contenido en hidratos de carbono de absorción
lenta (almidón) y de fibra insoluble, sales minerales
y vitaminas del grupo B ( tiamina).
Huevo, carne y leguminosas:
El huevo es el alimento que contiene las proteínas más
completas y de mayor valor biológico, al punto de los
expertos en nutrición lo consideran el patrón proteico
de referencias. Esto se debe a que contiene en una
proporción óptima los aminoácidos indispensables que
el organismo necesita para formar sus propias
proteínas humanas. La clara (la parte transparente)
está formada fundamentalmente por agua (86%) y
proteínas de alto valor biológico. La yema, cuyo color
oscila entre amarillo y anaranjado, es rica en grasa
saturada, colesterol y otros componentes grasos como
lecitina; también se encuentra pequeñas cantidades de
vitaminas liposolubles (A, D), hidrosolubles (tiamina,
riboflavina) y minerales como el hierro, fósforo,
zinc, selenio y sodio.
Es uno de los alimentos con mayor porcentaje de
colesterol (alrededor de 500 mg por 100 g), localizado
en la yema; cuando por indicación se requiera
disminuir el consumo de colesterol en el adulto se
puede optar por utilizar únicamente la clara. Por su
fácil preparación, el huevo es un alimento muy
apreciado en la cocina y muy recurrido a la hora de
preparar un menú rápido en las mañanas. Se presta muy
bien a variedad de presentaciones: tibio, escalfado,
frito, a la plancha, cocido, en tortilla o revuelto.
Las leguminosas son otra opción para el desayuno;
entre las más utilizadas se encuentran la soya, el
fríjol, las habas y las lentejas, que aportan
proteínas y pocas grasas en comparación con las
carnes; sin embargo, sus proteínas no son completas
porque les faltan algunos aminoácidos, por lo que se
complementan con alimentos de origen animal (leche,
queso, huevo, carne); a las leguminosas hay que
prepararlas con anticipación para optimizar el tiempo
del desayuno. Aunque las carnes son fuente importante
de proteínas de alto valor biológico, suelen contener
grasa, como el colesterol, que puede perjudicar
la salud; además aportan potasio, magnesio, fósforo,
zinc, hierro, niacina, retinol y ácido fólico. Se
recomienda consumir los cortes magros (bajos en
grasa),pollo sin piel, pavo y carne de res (pulpa
bola, lagarto, cuete, bistec de pierna, falda
desgrasada); se debe tener cuidado con el consumo
frecuente de embutidos o carnes frías ya que en su
preparación se agregan hidratos de carbono en forma de
almidón, grasa y sodio, que puede oscilar entre 805 y
1500 mg/100 g. Incluir carnes en el desayuno implica
cocerlas de antemano, así como un mayor tiempo de
preparación, lo cual es necesario calcular para
organizarse en las mañanas. |
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