Al conversar con una samaritana
que sacaba el agua de un pozo, Jesús habló de una
fuente de la que brotaría agua para impartir vida
eterna (Juan 4:14). Aunque en este caso se trataba de
una alusión simbólica al agua, lo cierto es que este
fuido es un elemento vital, superado tan solo por el
oxígeno. En efecto, podemos subsistir varias semanas
sin comer, pero solo cinco días sin beber.
Casi tres cuartas partes de
nuestro cuerpo son agua. Así, el cerebro está
constituido por este elemento en un 75% ú 85% y los
músculos, en un 70%. Entre otras cosas, el preciado
líquido nos permite digerir y absorver los alimentos
-pues lleva nutrientes a las células- así como
eliminar las toxinas y otros desechos, lubricar las
articulaciones y el colon y regular la temperatura
corporal. Pero, ¿sabía que puede ayudarnos a perder
peso?.
Beber agua para
adelgazar
En primer lugar, el agua no
tiene calorías, grasas ni tampoco colesterol y es baja
en sodio. En segundo lugar, inhibe el apetito. Y por
último, contribuye a metabolizar la grasa almacenada
en el cuerpo. ¿De qué manera?. Pues bien, sin
suficiente agua, los riñones no funcionan bien. Cuando
esto ocurre, interviene el hígado, que entonces ve
reducida su capacidad de metabolizar la grasa, de modo
que esta se acumula en el cuerpo y provoca el aumento
de peso. Por esta razón, el doctor Donald Robertson,
del Southwest Bariatric Nutrition Center, de
Scottsdale (Arizona, USA), señala: «El consumo de una
cantidad conveniente de agua es un punto clave en la
pérdida de peso. Si las personas que tratan de
adelgazar no beben suficiente agua, el cuerpo no puede
transformar la grasa de manera adecuada».
Por otro lado, como la retención
de líquidos suele provocar aumento de peso, muchas
personas con tendencia a retener líquidos creen que la
solución estriba en beber menos agua, pero están muy
equivocadas. Ante un deficit de agua, el cuerpo trata
de almacenar en pies, manos y piernas cada gota
disponible. Por este motivo, los especialistas en
nutrición recomiendan que le demos al organismo lo que
necesita: mucha agua. Y no olvidemos que cuanta más
sal consumamos, más líquido retendremos para
disolverla.
Hidratemos el cuerpo
A través de la piel, los
pulmones, los intestinos y los riñones eliminamos
todos los días un promedio de dos litros de agua, a
los que se suma medio litro perdido por la
respiración. Si no reponemos esa cantidad, sufriremos
deshidratación, entre cuyos síntomas figuran dolor de
cabeza, fatiga, dolor muscular, orina oscura,
intolerancia al calor y sequedad de boca y ojos.
Entonces, ¿cuál es la cantidad
recomendada?. El doctor Howard Flaks, especialista en
bariatría (obesidad), observa: «Para una persona sana,
el consumo mínimo de líquidos es entre ocho y diez
vasos de un cuarto de litro al día. Se necesita más
cuando se hace ejercicio o se vive en un clima
caluroso. Las personas con problemas de peso deberían
beber un vaso más por cada diez kilos que excedan de
su peso ideal». No obstante, hay quien dice que basta
con obedecer la sed, si bien es patente que una sed
acuciante puede evidenciar que ya sufre
deshidratación.
¿Puede utilizarse otras bebidas
como sustitutos?. Aunque los jugos de fruta y
hortalizas diluidos aportan líquidos al cuerpo,
contienen calorías. Además, las bebidas ricas en
azúcar y leche incrementan la demanda de agua, pues
esta se necesita para digerirlas. Asimismo, el alcohol
y las bebidas con cafeína, como el café o el té,
tienen un leve efecto diurético y obligan a beber más
para restituir el volumen perdido.
No existe pues, sustitutivo para
nuestro preciado líquido. ¿Verdad que le apetece
beberse un vaso de agua ahora mismo?.