15 Abril 2005

 

 

 

El Chile, sabroso y picante

 

 

La historia del chile está ligada a la historia de América. Las expectativas de Colón y sus patrocinadores se vieron en alguna medida frustradas debido a que el nuevo continente no resultó rico en especias. De hecho, las tierras que luego se llamarían América no producían aquellas sustancias que para los europeos eran indispensables.

 

El chile, a diferencia de otras plantas comestibles originarias de América que tardaron décadas en ser aceptadas por los europeos, conoció una rápida difusión mundial luego de su llegada a España. En la actualidad, China, Estados Unidos y México son los principales productores en el ámbito mundial.

 

El chile pertenece a la clase   embriofita  siphonogama, a la familia de las solanáceas, y su nombre científico es capsicum.

 

Alrededor del mundo existen aproximadamente tres mil tipos de este fruto. Más que su capacidad para picar, del chile se aprecia la variedad de sabores que ofrece al paladar. Su sabor, diferente según el tipo, se encuentra en el pericarpio del fruto, es decir, en su cubierta externa, mientras que su picor se esconde en la placenta y en las venas, y resulta de una combinación de capsaicinoides (alcaloides), uno de los cuales, llamado precisamente capsaicina, es el responsable principal del picante. El picor del chile se mide en unidades Scoville, en honor del primer farmacólogo capaz de idear una medición por medio de catadores. Actualmente el procedimiento no necesita de lenguas dispuestas, sino que se realiza por medio de una «cromatografía líquida de alta presión». El chile que posee mayor cantidad de unidades Scoville es, hasta ahora, el sabino rojo (un tipo de habanero).

 

Resulta imposible, incluso en México, conocer y probar todos los tipos de chiles. Están los «nacionales», originarios de diferentes estados que se comercializan por todo el país y hasta internacionalmente. Pero están también los chiles «regionales» que sólo se consumen de manera local y que, aunque a simple vista se parecen, son únicos por sus diferencias en sabor y en su elaboración; por otra parte, un mismo chile tendrá un sabor distinto si se sirve hervido, tostado o macerado. Se pueden consumir frescos o secos, y de ello depende su nombre. Por ejemplo, si al poblano se lo deja madurar y secar, se le llama ancho; secado y  ahumado, el jalapeño es un chipotle (del nahuatl chilli y poctli, humo), o el chilaca, que seco, es el famoso pasilla. En la cocina mexicana el chile se trasforma en simple aliño, en plato principal o hasta en postre.

 

Desde el perfecto equilibrio de ingredientes de un mole, hasta fresco, rebanado, flotando en la sopa para darle sabor, los chiles dan placer y dolor, la dualidad del picante que inevitablemente provoca adicción. El «enchilamiento» se puede describir como una elevación de la temperatura y, dependiendo del grado y la reacción, los ojos lloran, la nariz moquea, sumban los oídos, arde la lengua y las encías; hay quien ha sufrido mareos o un malestar generalizado de pesadilla. Pero el paladar se habitúa gradualmente y el placer de una buena enchilada o del leve picor en la comida se queda en la mesa cotidiana provocando melancolía a quienes se alejan de este fruto.

 

 

Propiedades Nutricionales

 

Dados su alto contenido de vitamina C (ácido ascórbico), los chiles tienen un valor nutrimental, incluso superior al de los cítricos. La presencia de capsaicina en los jalapeños es muy valiosa en la dieta del humano por su gran contenido en potasio, vitaminas A y C, hierro, magnesio, tiamina, riboflavina y niacina, así como bajo contenido de sodio.

 

Una comida con chile acelera el ritmo del metabolismo en un 25% y causa un consumo de 45 calorías adicionales. El picante se debería usar junto con el requesón y los chabacanos como alimentos para perder peso. Y no hay manera más sabrosa de reducir las grasas de la dieta y perder peso porque el jalapeño aumenta el sabor de las comidas sin agregar un gramo de grasa. Por otra parte, la Sociedad Americana de Enfermedad del Sistema Digestivo descubrió que las comidas picantes no provocan úlceras o dañan el estómago:  de hecho, el chile promueve la buena digestión, aumenta la producción de saliva y de jugos gástricos, mientras la capsaina forma una corteza en la pared abdominal que la protege de los daños producidos por los ácidos y el alcohol; e incluso existe evidencia de que el chile puede reducir la presión arterial.

 

En Tailandia se descubrió que los jalapeños contienen anticoagulantes que facilitan la circulación de la sangre (previniendo los coágulos), y así reducen el peligro de un ataque cardíaco. Además, también se ha investigado su capacidad para reducir los niveles de colesterol y sus poderes como afrodisíaco.

 

La capsaina que se encuentra en los chiles picantes es así mismo un poderoso antioxidante que obstaculiza la reacción en cadena de los radicales libres que causan el proceso del envejecimiento. Según estudios recientes, se sospecha que tiene la capacidad de destruir células cancerosas antes de que produzca algún daño. De la misma manera, funciona como un expectorante natural y descongestionante que ayuda a prevenir la bronquitis y el enfisema. Si usted ya los incluye en su dieta, hay todavía muchas razones más para disfrutar de los chiles jalapeños; y si aún no los ha probado, les sugerimos agregarlos al menú cotidiano.

 

En el próximo correo, (Parte 2), veremos el Chile Pimiento (chile dulce) y las equivalencias de los diferentes tipos de chiles.

 

 

 

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