31 Marzo 2006

 

 

 

Alimentos precocinados: ¿rápidos y variados?

 

 

En los últimos años, la oferta y demanda de los alimentos precocinados han ido en aumento debido a los nuevos hábitos de compra, consecuencia en gran parte de que cada vez más mujeres, inmersas en el mercado laboral, tienen poco tiempo para dedicarse a cocinar.

 

La mayoría de los alimentos que habitualmente forman parte de nuestra dieta son el producto resultante de una serie de manipulaciones más o menos intensas de los productos alimenticios, con el fin de asegurar su higiene, mejorar sus cualidades organolépticas (aquellas que apreciamos mediante los sentidos: color, aroma, sabor textura) y facilitar al consumidor su preparación y consumo.

 

La lista de alimentos precocinados es cada vez más amplia, al igual que su público. En el mercado encontramos desde pastas (como lasagna), ensaladas variadas y croquetas, hasta empanadillas, guisados y paellas. Es indudable que la posibilidad de hacer una sopa en tres minutos o una paella en diez y sin manchar ni una cazuela ni un mueble en toda la cocina, es una idea más que tentadora; pero la prisa no siempre es buena consejera de una alimentación equilibrada y saludable. Lo cierto es que este tipo de productos no son los más indicados, al menos para consumirlos todos los días.

 

 

Algunas de sus ventajas

 

De larga conservación, fáciles de preparar y muy variados, los alimentos precocinados ofrecen una amplia oferta que permite hacer fácilmente un menú variado, además de la posibilidad de probar algunos platillos de la cocina internacional que, de otro modo, no degustaríamos.

 

En el mercado existe una gran variedad de este tipo de productos destinados a personas con necesidades específicas; por ejemplo, desde hace tres o cuatro años han proliferado los preparados que portan etiquetas que indican «sin colesterol», «light», «sin azúcar», «bajo en sodio», etc.

 

Ello ha permitido que personas que en un principio no podían consumir los alimentos precocinados porque contenían algún ingrediente dañino para su organismo, hoy día pueden disponer de productos especiales generados mediante diversas modificaciones, adaptándolos a sus distintas necesidades.

 

Las ventajas de estos productos son evidentes: ahorro de tiempo y trabajo, disponibilidad inmediata, facilidad de conservación y gran variedad. Aunque su precio suele ser razonable, siempre resulta ser más elevado que si uno mismo lo cocinara en casa. Por lo que respecta a su calidad gastronómica, ésta depende de la calidad del producto, de nuestro paladar y de nuestras habilidades para prepararlos.

 

En conclusión, los precocinados no son los alimentos más nutritivos y saludables del mercado, pero tampoco hay que considerarlos como algo negativo; simplemente hay que consumirlos ocasionalmente y no como base de nuestra alimentación diaria.

 

 

 

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