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En los últimos años, la oferta y demanda de los
alimentos precocinados han ido en aumento debido a
los nuevos hábitos de compra, consecuencia en gran
parte de que cada vez más mujeres, inmersas en el
mercado laboral, tienen poco tiempo para dedicarse
a cocinar.
La mayoría de los alimentos que habitualmente
forman parte de nuestra dieta son el producto
resultante de una serie de manipulaciones más o
menos intensas de los productos alimenticios, con
el fin de asegurar su higiene, mejorar sus
cualidades organolépticas (aquellas que apreciamos
mediante los sentidos: color, aroma, sabor
textura) y facilitar al consumidor su preparación
y consumo.
La lista de alimentos precocinados es cada vez más
amplia, al igual que su público. En el mercado
encontramos desde pastas (como lasagna), ensaladas
variadas y croquetas, hasta empanadillas, guisados
y paellas. Es indudable que la posibilidad de
hacer una sopa en tres minutos o una paella en
diez y sin manchar ni una cazuela ni un mueble en
toda la cocina, es una idea más que tentadora;
pero la prisa no siempre es buena consejera de una
alimentación equilibrada y saludable. Lo cierto es
que este tipo de productos no son los más
indicados, al menos para consumirlos todos los
días.
Algunas de sus ventajas
De larga conservación, fáciles de preparar y muy
variados, los alimentos precocinados ofrecen una
amplia oferta que permite hacer fácilmente un menú
variado, además de la posibilidad de probar
algunos platillos de la cocina internacional que,
de otro modo, no degustaríamos.
En el mercado existe una gran variedad de este
tipo de productos destinados a personas con
necesidades específicas; por ejemplo, desde hace
tres o cuatro años han proliferado los preparados
que portan etiquetas que indican «sin colesterol»,
«light», «sin azúcar», «bajo en sodio», etc.
Ello ha permitido que personas que en un principio
no podían consumir los alimentos precocinados
porque contenían algún ingrediente dañino para su
organismo, hoy día pueden disponer de productos
especiales generados mediante diversas
modificaciones, adaptándolos a sus distintas
necesidades.
Las ventajas de estos productos son evidentes:
ahorro de tiempo y trabajo, disponibilidad
inmediata, facilidad de conservación y gran
variedad. Aunque su precio suele ser razonable,
siempre resulta ser más elevado que si uno mismo
lo cocinara en casa. Por lo que respecta a su
calidad gastronómica, ésta depende de la calidad
del producto, de nuestro paladar y de nuestras
habilidades para prepararlos.
En conclusión, los precocinados no son los
alimentos más nutritivos y saludables del mercado,
pero tampoco hay que considerarlos como algo
negativo; simplemente hay que consumirlos
ocasionalmente y no como base de nuestra
alimentación diaria. |